martes, julio 2


Estoy de vuelta. El tiempo de exámenes quedó atrás (por ahora) y estoy lista para volver a empezar.
Esta noche, con motivo de homenajear la victoria brasileña en el mundial 2002, quisiera mostrarles algunos trabajos de Sebastiao Salgado, un hombre que a pesar de conocer los tejes y manejes que es posible efectuar con la realidad a través de una cámara, decidió enseñarle al mundo ese rincón oscuro en el que resulta tan difícil mirar, y no porque en él no pueda verse con claridad, sino porque son muy pocos aquellos que están dispuestos a querer involucrarse con lo que sus ojos perciben.
Las fotos de Salgado denuncian un tercer mundo incómodo pero real, y es casi imposible mirar estas imágenes impunemente, sin que nos percatemos de que lo único que hace falta para cambiar las cosas es... darse cuenta.


GALERIA DE IMAGENES...

Refugiados de Guerra
La Lucha por la Tierra
Megaciudades
Forzados al Exilio
Los Niños
Emigrantes y Refugiados
La Tragedia Africana
Latinoamérica
Asia


SEBASTIAO SALGADO
(Tomado de: Eduardo Galeano, "Ser como ellos y otros artículos")


"Cuando la imagen emerge de las aguas del revelador y la luz se fija en sombra para siempre, hay un instante único que se desprende del tiempo y se convierte en siempre. Estas fotos sobrevivirán a sus protagonistas, y a su autor, para dar testimonio de la desnuda verdad del mundo y de su escondido fulgor. La cámara de Salgado se mueve en la violenta oscuridad, buscando luz, cazando luz. ¿Cae del cielo la luz, o sube desde nosotros? En las fotos, ese instante de luz atrapada, ese destello, nos revela lo que no se ve, o lo que se ve pero no se nota: una presencia inadvertida, una poderosa ausencia. Ella nos avisa que el dolor de vivir y la tragedia de morir esconden, adentro, una magia poderosa, un luminoso misterio que redime la aventura humana en el mundo.
Las fotografías de Salgado ofrecen un múltiple retrato del dolor humano. Al mismo tiempo, nos invitan a celebrar la humana dignidad. Son de una franqueza brutal estas imágenes del hambre y la pena, y sin embargo tienen respeto y pudor. Nada que ver con el turismo de la miseria: estos trabajos no violan el alma humana, sino que la penetran para revelarla. A veces Salgado muestra esqueletos, casi cadáveres, y la dignidad es lo único que les queda. Han sido despojados de todo, pero tienen dignidad. Ahí está la fuente de su inexplicable belleza. Éstos no son macabros, obscenos exhibicionismos de la miseria. Aquí hay poesía del horror, porque hay sentido del honor.
Los fotógrafos de la sociedad de consumo se asoman pero no entran. En fugaces visitas a los escenarios de la desesperación o la violencia, bajan del avión o el helicóptero, oprimen el disparador, estalla el fogonazo del flash: ellos fusilan y huyen. Han mirado sin ver y sus imágenes no dicen nada. Ante esas fotos pusilánimes, sucias de horror o de sangre, los afortunados del mundo pueden derramar alguna lágrima de cocodrilo, alguna moneda, alguna palabra piadosa, sin que nada cambie de sitio en el orden de su universo. Contemplando a esos jodidos de piel oscura, olvidados por Dios y meados por los perros, cualquier don nadie se felicita íntimamente: la vida no me ha tratado tan mal, al fin y al cabo, si se compara. El Infierno sirve para confirmar las virtudes del Paraíso.
Estas imágenes, que parecen arrancadas de las páginas del Antiguo Testamento, son, en realidad, retratos de la condición humana en el siglo veinte, símbolos de nuestro mundo único, que no es Primer Mundo, ni Tercer Mundo, ni Vigésimo Mundo. Desde su poderoso silencio, estas imágenes, estos retratos, cuestionan las hipócritas fronteras que ponen a salvo al orden burgués y custodian su derecho al poder y la herencia.
Llevo cinco minutos ante la hoja en blanco, buscando palabras. En estos cinco minutos, el mundo ha gastado diez millones de dólares en armamentos y ciento sesenta niños han muerto por hambre o por enfermedad curable. O sea: en estos cinco minutos de mis dudas, el mundo ha gastado diez millones de dólares en armamentos para que ciento sesenta niños pudieran ser asesinados con total impunidad en la más guerra de las guerras, la más silenciosa, la no declarada, la que llaman paz.
Antes de descubrir que era fotógrafo, Salgado fue economista. Como economista llegó al Sahel. Allí intentó, por primera vez, usar el ojo de la cámara para atravesar las pieles que la realidad usa para ocultarse.
La ciencia de la economía ya le había enseñado mucho en materia de máscaras. En economía, lo que parece nunca es. La buena suerte de los números tiene poco o nada que ver con la dicha de la gente."

viernes, junio 28

Creo que ya encontré un motivo de existencia... hablo de la página, claro.
Y por qué no la fotografía? Si es lo que más me gusta hacer y a lo que le dedico mayor tiempo últimamente.

Ok. entonces la fotografía será el tema central de la página.


A partir de ahora empezaré a usmear por sitios interesantes a los que haré referencia. Este es un excelente lugar para empezar.
De todos modos, espero poder lograr hacer un trabajo conjunto ligado a las distintas opiniones y aportes de los visitnates del weblog.
Gracias a todos y hasta la próxima.

jueves, junio 27

Bueeeeeeeeeno, acabo de darle de baja a un weblog para empezar con este otro.
Será un vicio esto de escribir de tanto en tanto en una página pública a la cual todo el mundo tiene acceso? O es que nunca voy a cambiar esta maldita costumbre de reciclar todo lo que tengo? Me aburro muy fácil, eso es cierto, pero lo bueno es que siempre estoy buscando cosas nuevas, espacios diferentes, y debe ser el sabor de la aventura eso que me falta cuando sobreviene la rutina.
No lo sé, pero de lo que estoy segura es de que, como sea, el hecho de escribir acá debe servir para algo, quiero decir, que uno entre a ver los comentarios y se vaya con alguna que otra cosita productiva.
No tengo idea de qué va a tratar esta página, tampoco estoy convencida de que tiene que tener un tema fijo, como el que ya se había instalado en el viejo weblog. Supongo que el perfil de éste lugar se irá forjando a partir de las visitas que lo frecuenten, sus intereses y aportes y, obviamente, por lo que se me irá ocurriendo a partir de ahora.
Chaucito.